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Dolor esparcido, difuso y diluido.

marzo 17, 2010

Reconozco el dolor porque lo he vivido

reconozco el sufrimiento porque lo he encarnado

pero sólo hay un responsable de su existencia

y ese es el que lo siente, el que lo vive y lo encarna.

Atrás quedaron los cadáveres,

tirados por las lagunas de tu pantano

por los oceanos inmensos de tu tierra estéril

de las aguas sucias de tu ciénaga

y dio entrada al mar cristalino,

puro y verdoso en las profundidades,

claro hasta donde no llega la luz.

Atrás quedaron los castillos

difuminados en olvido

reconstruyendo las vísceras de lo que había sido

y abiertos tengo los brazos al aire que recorre mi cara,

alimenta mi alma y me arranca una mirada.

Agradecida me mantengo sin reproche,

sin rencor, sin lastima y sin dolor

que se esparce, diluye y difumina.

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