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Cruzas la calle…

mayo 19, 2010

Cruzas la calle pensando que no sabes lo que puede aparecer al doblar la esquina.
Mis pies estaban cansados, ningún suspiro de mi cuerpo los podía aliviar, así que pensé que mejor era no quejarse. Pero los condenados dolían. Eran un producto que expresaba cuan ínfima es nuestra existencia en los distintos parajes terrestres que no nos pertenecen o más bien a los que no pertenecemos.
Podía suspirar y qué? ¿alguien me oiría? ¿alguien sentiría mi dolor? ¿alguien se percataría de mi sufrimiento? y si ocurriera? ¿podrían hacer algo?, pero si ni tan siquiera pueden aliviar sus rostros amargados, fruto de lo que día a día acontece en sus vidas. Si ni tan siquiera pueden levantar su cara y ofrecerte una sonrisa. Acostumbrados a las facciones grises no se percatan ni del borracho ni del muerto ¿cómo entonces podrían fijarse en mi lágrima interior?
Así que doble la esquina, todo seguía igual, no, nunca había estado allí pero la calle se somete a unas normas intrínsecas: distintos caminantes con distintos destinos a un paso diferente con diferentes ritmos, rostros sombríos cuando menos indiferentes, gente que se olvida en unos segundos entre dos parpadeos como si en una exhalación expulsases todas las imágenes de sus rostros

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