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Tres horas de conversación en un bar.

junio 22, 2010

Ilustración: Virgina Moreno
Texto: Alixe Lobato

Guadalupe estaba en el parque de atracciones, a veces, cuando se aburría, le gustaba ir y montarse en las atracciones que ascendían más alto y se movían más rápido, era algo que ella suponía como un subidón de alguna droga de esas que consumían sus amigos o veía en las películas, realmente esto le daba igual pero no las atracciones, eso la volvían loca y la dejaban en un estado de frenesí que le duraba un buen rato, a veces pienso que Guadalupe era adicta a las sensaciones fuertes.
Cuando se estaba subiendo al dragon khan, que era una de las atracciones más conocidas, le tocó ponerse con un chico que en principio no le resultaba atractivo o peculiar, de hecho por lo único que le había mirado fugazmente era porque se había fijado en sus pantalones “unos pantalones con bastante estilo” había pensado Guadalupe, pero ni tan siquiera había levantado la vista para ver al dueño.
Cuando ya empezaba a oscurecer a Guadalupe le entró hambre y se acordó de aquel puesto de perritos con aquel chico tan mono que había estado enamorado de ella y siempre la invitaba como cortesía supongo al recuerdo pasado, puesto que Guadalupe no era mala chica, solo una pequeña zorra mexicana a la que le costaba enamorarse o sentir más allá que la implicación momentánea.
Rauda con el estomago en plena batalla de ruidos se dirigió hacia el puesto y cuando estaba esperando a su perrito caliente con cebolla frita y todas las salsas del mundo posibles vio acercarse unos pantalones que le sonaban familiares, ahí fue cuando ya levantó la vista y se fijó en el portador, éste le regaló una sonrisa espléndida y luego un acto de indiferencia como sí no se hubiera deslumbrado con Guadalupe, así que con éste último gesto la atención de Guadalupe ya tenía dueño aunque fuera por unas horas.
Fue el comienzo de una conversación increíble que terminó con una noche mágica donde los cuerpos se unían a velocidades lentas, muy lentas agarrándose como si el contacto piel con piel fuera lo único que existía, era como si de sexo tántríco se tratara, con una intensidad que Guadalupe reconocía como extraña, ella estaba acostumbrada a un trato más rudo, donde el placer físico se superponía al sentir agudo que estaba experimentando, un sentir que la llenaba incluso cuando se quedaban paralizados, sólo el recordarlo le ponía la piel de gallina.
Guadalupe tuvo entonces la necesidad de contarle quien era y de donde venía.
Nunca más supo de él.
Y esto fue lo más cercana que estuvo de enamorarse.

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2 comentarios
  1. No hay nada como un buen pantalón 😀

    Me encantó !

    • alixelobato permalink

      Sí, a veces un pequeño detalle desata una tormenta 😉

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