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Guadalupe siente.

abril 5, 2011
Paró el coche en medio de ninguna parte, se bajó y rozó la arena con sus pies desnudos, abrió el maletero, cogió el machete que tenía envuelto en una manta vieja, regalo de un cooperante de Sierra Leona, y comenzó a correr rompiendo todo lo que se encontraba delante mientras gritaba como una salvaje. Cayó rendida a la sombra de un arbusto, en medio de una duna, mientras su nudo se deshacía muy lentamente y se ahogaba con sabor a sal de sus mejillas.
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